Imagine She and She


Conversaciones con Andrea
noviembre 1, 2008, 8:55 pm
Filed under: Todo

Hace poco entre mi sobrina política y yo se estableció esta conversación.

La peque: Tita, a mi no me gustan los niños.

Yo: Ajá.

La peque: Yo voy a ser lesbiana, bueno yo quiero ser lesbiana, ya se lo he dicho a mamá y dice que le parece bien. Porque también lo he dicho en el cole.

Yo: ¿Ah si? Pues mira que bien (me río porque lo cuenta con una seriedad y un aplomo..)

La peque: Yo quiero ser como tu.

Yo: ¿Si? Pero tu eres un sol.

La peque: Si, yo quiero tener tu vida tita, yo quiero ser vegetariana y lesbiana, y cuidar de los animales … Yo como tu tita.

Yo: Me parece estupendo, genial para los animales que te hagas vegetariana, y mejor para tí si eres lesbiana 😉

Añadir que es una niña muy lista, despierta y sensible! Ojalá en todas las partes del mundo la educación fuese tan libre y respetuosa con todo que una niña pueda ser quién es con total libertad.

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4 comentarios so far
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Ojalá…

Me alegro de que algunas personas lo vayan haciendo posible.

Comentario por encantada

Hola Encantada,
pues si, es una alegría que las cosas vayan cambiando, todo avance justo se hace más que necesario y entre todas y todos podemos conseguirlo!

Comentario por sheandshe

aii estoy enamorada de mi amigha novia de mi primo y andamos desde hace un mes pero casi no la veo por no levantar sospechas
qe ago la dejo o la sigo viendo ?

Comentario por kharla

jueves 24 de diciembre de 2009
Cosas de la ignorancia

Interesante el artículo de Rafael Cardona sobre las uniones conyugales homosexuales, mal llamadas “matrimonio”. Aclara el autor en cita sobre la etimología y significado de esta figura legal, cultural e histórica, echando por tierra la pretensión de equipararla o confundirla con la unión de un hombre y una mujer con la finalidad de constituir una familia, por parte de los homosexuales interesados y de los políticos clientelares que impulsaron este proyecto y que recientemente lo votaron por mayoría en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. El artículo, de lectura altamente recomendable se encuentra en la dirección: http://www.contactox.net/index.php?option=com_content&task=view&id=2776&Itemid=1 .
Como aclaré en anterior entrega, no se trata de criminalizar la homosexualidad, por cuanto que, para empezar, en nuestro país no es ilegal. Se trata, simplemente, de no caer en la aceptación y legitimación facilona de un absurdo que cualquiera puede detectar, siempre y cuando no se deje atrapar por la fascinación del discurso que encubre una postura acrítica y cómplice de cualquier iniciativa de ley clientelar, sin medir el impacto social que tendrá en el mundo real en el que vivimos.

Los argumentos de los defensores e interesados en esta reforma al código civil del DF, consisten en la desacreditación de las relaciones entre un hombre y una mujer para fines familiares, porque, según ellos, contienen el germen del engaño, que deviene en disolución del vínculo; alegan que la sociedad permite la unión de criminales “solo porque son heterosexuales” pero impide la de personas del mismo sexo a quienes se pudieran atribuir valiosas prendas morales; suponen que la homosexualidad es sinónimo de estabilidad en las relaciones familiares y que pudiera ser mejor ejemplo para los hijos que adopten que las propias familias de origen de los infantes. En todo caso, se toman como ejemplos los casos indefendibles del fracaso de las relaciones de pareja, como si fuera la pauta general y no el defecto.

El calificativo de ignorante u homofóbico aplicado al que objete los argumentos que esgrimen, hace de los homosexuales un sector de la sociedad que juzga al resto con una cierta dosis de prepotencia, que descalifica las uniones heterosexuales bajo el supuesto de la pronta disolución e inestabilidad, y alegando que la procreación es una “habilidad” y no una consecuencia natural de la unión entre el hombre y la mujer, en condiciones normales.

El calificativo de “ignorante” al objetor de relaciones contra natura, obra más como una forma de contrarrestar o inhibir su punto de vista, en beneficio de la posición beligerante que pretende imponer a la sociedad una muy particular forma de relación como legítima y “natural”. La realidad es que las relaciones homosexuales, si bien es cierto que la humanidad no las asume como novedad, nunca podrán equipararse con las de carácter heterosexual, dado que sus fines son otros. La primera no cuenta con las posibilidades reales de cumplir los objetivos naturales y sociales del matrimonio, sino que solamente podrá satisfacer alguna finalidad de tipo patrimonial, para lo que ya existen las llamadas “sociedades de convivencia”.

El dotar a una pareja del mismo sexo de las mismas prerrogativas que las de un matrimonio, es decir, el derecho de adopción, resulta en una ficción legal que olvida que solo hay matrimonio cuando se unen un hombre y una mujer, porque la palabra “matrimonio” implica la calidad de madre y el estado social y legal propio de ésta. Como queda claro, este es el fundamento de la familia, en sentido estricto. Estamos hablando de una relación de consanguinidad a partir de una pareja integrada por un hombre y una mujer.

Lo anterior no significa en absoluto que se discrimine a las personas por ser homosexuales, sino que debiéramos ubicar a cada cual de acuerdo a su capacidad y posibilidad y, en este caso, una pareja con estas características no tiene la finalidad de procrear, lo que diluye el significado preciso de matrimonio y familia, lo que como es fácil de entender, implica la creación de un vínculo de consanguinidad. En todo caso, para las parejas homosexuales existen instrumentos jurídicos que permiten la protección patrimonial, sin violentar el significado del concepto de matrimonio.

Por otra parte, los conceptos matrimonio y familia no solo tienen connotaciones económicas o patrimoniales, que se dan como consecuencia del vínculo, sino que esencialmente son de carácter moral y espiritual, y negar la carga cultural e histórica de esto es bordar en la ficción, cubrir un expediente formal vacío de contenido. La tutela del estado a las relaciones conyugales, a partir de las leyes de Reforma, ha tenido como fundamento esta realidad histórica y social, de manera que se garantice que los hijos fruto del matrimonio o concubinato y los bienes logrados durante la relación sean protegidos por las leyes. Como se ve, la base de esta acción tutelar sigue siendo la familia, entendida como la relación entre un padre y una madre.

El estar a favor de la medida legal que se comenta, consagra una visión pragmática de la vida, ubicada en un utilitarismo demasiado vulgar para ser plausible, erige en figura jurídica lo que es patrimonio de una conducta que más que ejemplo social es una tragedia en la que no encontramos culpables sino víctimas de una mala pasada del destino. De ahí la tolerancia y el respeto a la intimidad de cada cual. En un régimen respetuoso de las diferencias, debe primar la defensa de la sociedad y los valores que la vertebran, por encima de las conveniencias político-electorales.

Finalmente, si los homosexuales fueran respetuosos de las formas y valores sociales, reservarían sus prácticas sexuales al ámbito de su intimidad, que en todo caso debe ser respetada, pero de ninguna manera hacerlas pasar como ejemplares, menos como equiparables al matrimonio. Lo anterior revela una especie de distorsión mental que se explica por el interés faccioso que la anima, y que engañosamente supone que mediante la reforma al código civil se pueden suplir características y funciones naturales. En este punto, están trágicamente equivocados, e ignorar la realidad no es una forma válida de defender derechos y cumplir obligaciones. Con este comentario agoto, estimado lector, el espacio y el tiempo que me propuse dedicar a este asunto.

Publicado por jdarredondo en 15:58 0 comentarios
Etiquetas: opinión
martes 22 de diciembre de 2009
Matrimonios
Sé muy bien que usted y yo tenemos la certidumbre de que el nacimiento de otro ser humano se debe a la unión sexual de un hombre y una mujer; pudiéramos generalizar el asunto comentando que los mamíferos, y una gran cantidad de seres vivos, se reproducen por vía sexual, entre un macho y una hembra. La maternidad y, por consecuencia, la paternidad (responsable o no), es producto de esa forma de reproducción, sin que medie ninguna particularidad cultural, legal o social. El hecho de que estemos sobre la faz de la tierra se explica de esa manera, tan simple, tan natural, tan fatalmente cierta e ineludible.

Ahora nos enteramos de que en el Distrito Federal se aprobó por mayoría PRD-PT la unión de parejas homosexuales en “matrimonio” civil, lo que permite suponer que podrán adoptar hijos. Usted recordará que en esa misma ciudad ya se había aprobado la figura de “sociedad de convivencia”, que permitía a parejas homosexuales unirse para, se dijo, poner a salvo su patrimonio y heredar sus bienes comunes al sobreviviente.

Al parecer, el argumento legal de carácter patrimonial no fue suficiente para la beligerancia homosexual y reclamaron el derecho de ser, sin serlo, una pareja capaz de “tener” hijos, con lo que se acercarían a la imagen de un matrimonio legal y legítimo de carácter “tradicional”, es decir, aquellos en el seno de los cuales fueron engendrados una mayoría de los seres humanos que puebla la tierra.

La mayoría en el seno de la asamblea legislativa del DF, decidió, en un acto de clientelismo político, aprobar una medida que no por ser legal es necesariamente legítima.

Los argumentos a favor de la relación homosexual formalizada por las leyes, parece que cojea de las dos patas, porque no se puede defender los propósitos del matrimonio cuando los sujetos participantes parodian la unión que se establece entre un hombre y una mujer. Dos personas de un mismo sexo solo podrán satisfacer su muy particular forma de relación, pero esta quedará circunscrita en los estrechos márgenes de un acto sexual infructuoso, basado en el hedonismo, sin las complicaciones de una relación entre seres diversos, como son el hombre y la mujer. En este sentido, es una relación esencialmente egoísta porque busca un tipo de satisfacción que resulta, a la luz del fundamento natural del matrimonio, patética.

Si dos personas del mismo sexo deciden tener relaciones, pues es asunto suyo, porque está situado en el terreno de su intimidad. El ámbito privado debe respetarse y ahí no necesariamente tiene por qué intervenir el estado. Una relación privada y consentida, es asunto de la competencia de los que la sostienen, si esto no afecta a terceras personas. Basta recordar que la libertad de uno termina donde comienza la del otro. Lo que considero problema de moral pública es consagrar un tipo de relación que implica un ejemplo para otros, en este caso los menores de edad que estén bajo la tutela de dos hombres o dos mujeres que cohabiten.

Es bien sabido de la importancia de contar con las dos figuras, la paterna y la materna, es importante para la formación y el equilibrio emocional de los hijos. La existencia de dos “padres” o dos “madres” es, por lo menos, una transgresión a la verdad del origen de los infantes. La pregunta que tarde o temprano los hijos harán acerca de su origen, tendrá una respuesta caprichosamente elaborada, tanto como la ocurrencia de formalizar un vínculo que debiera estar reservado a la maternidad y sus derechos sociales y políticos. Pero, aun sin establecer un vínculo previo al nacimiento, como es el caso de las madres solteras, el hombre y la mujer que se unen y engendran una nueva vida, son padre y madre. Lo demás es una simple ficción legal sin correlato en la realidad.

Quienes tan empeñosamente defienden el derecho de los homosexuales de tener los mismos derechos de los que no lo son, debieran haber reflexionado acerca de la paternidad, o si se quiere, la maternidad. Hubieran encontrado imposible que una relación entre individuos de igual sexo resulte en el embarazo de alguna de las partes. Entonces, ¿de qué se trata? Un acto político no necesariamente altera la realidad del origen de la vida, sino que, en todo caso, debiera protegerla y ampararla mediante las leyes. En el caso de las relaciones homosexuales formalizadas, ¿a quién se protege?

Desde luego que las agresiones a homosexuales son condenables, que debe imperar la tolerancia y el respeto tanto como a cualquier ciudadano. La discriminación es indeseable por razones de las inclinaciones sexuales, ya que es un asunto privado que no tiene por qué ser juzgado públicamente, salvo que altere el orden y la paz social. Pero de esto a aceptar como legítima una ficción legal, sin correlato natural y social, es cuestionable y francamente irracional.

Me parece lamentable que el órgano legislativo del Distrito Federal se incline por el aplauso fácil de una parte de la comunidad ciudadana. Aquí se confunde el ámbito de lo público con lo privado, se afecta el entorno familiar y se socaban los fundamentos de la institución matrimonial. Mientras que el PRD y el PT han tenido aciertos significativos en las propuestas económicas y políticas, en el DF acaban de demostrar una ligereza clientelar no solo criticable sino preocupante.
Publicado por jdarredondo en 18:36 0 comentarios
Etiquetas: opinión

Comentario por abel




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